26.8.06

What’s the big fuzz about?

Thoughts on the “hip-ness” of tee-jay


According to the latest article in the NY Times about Tijuana, everything in the city is in the brink of an imaginative outburst, as anthropologist Fiamma Montezemolo once said, everything is in a process of giving birth or being reborn. Tijuana is breeding everyone’s cultural fantasies. Now we all know that the media – attention has been mostly beneficial to particular groups that are selected and snatched to the cultural scene of another place to be brought back all chewed up – realizing that being from Tijuana in some cases was all they really had to bargain with. In a city where everything is art (donkeys, eating tacos, riding a taxi) any “normal” urban condition as a five star hotel or a restaurant with a decent chef is now viewed as an extraordinary feat of civility of the “noble savage”. Don’t misunderstand me; I am interested in the cultural life of the city as well as its “real” portrayal even if it includes images of the city that we have denied to accept. Yet, it seems that according to some Tijuana’s culture awakening began in the 70’s and suddenly Tijuana is “now” a city – It has always been one, but past rhetoric has focused on “border” conditions – a good survey of this is to look at the work realized for the bi-national art project “Insite” in its four installments and see that a significant amount of interventions where physically next to or conceptually related to - the border fence and immigration issues. The border has been an important element in the life and development of the city – yet we tend to focus on the object itself and its representations in the affects of globalization and disregard the effect this rusted piece of metal has in shaping the urban fabric of the city. It’s the proximity to one of the largest economies in the world that in many ways does not allow TJ to be a “normal” city. Any socio-cultural and urban development will always be seen as surprising, incredible, unexpected and even a strange feat of survival because of the disparity that exists within this context. We need to step back and realize that Tijuana’s image is deceptive and years of corrupted urban policies have made the city a victim of global circumstances of which we have all been participant in some way or another. So be ware of the decoys or seductions that repackage our own ‘curios” and sell them back to us as a cultural “awakening”.

If you sit for dinner at any deluxe hotel restaurant in NY and order a caesar salad while the music playing in the piano-bar is the jazz standard Kansas City Stomp written by Jerry Roll Morton, it might not be so special until you realize they where both created in Tijuana long before the city was hot and hip.

21.8.06


Last but not least – De Young










El Museo de Young diseñado por los arquitectos Herzog & de Meuron (Premio Pritzker 2001) fue construido en los que es el central park de SF , el paisaje lo encierra y crea una intima relación con la fachada de cobre que a veces es traslucida y en otras partes sólida. Un juego de textura – un proyecto bastante estético que al final logra, por su piel porosa, vincular el exterior con el interior.





Sonoma Valley y sus vinos – que mas puedo decir – excelente

Matthew Barney


Robert Irwin


Los siguientes dos días la pasamos en SF visitando los lugares de costumbre como el SFMOMA. Antes había visitado el museo y aunque la arquitectura de Mario Bota no es de mi agrado (Bota hacia buena arquitectura residencial – el cambio de escala a edificios públicos son problemáticos para el) el museo tiene una muy buena colección de arte moderno y esta vez me toco ver la obra de Matthew Barney titulada Drawing Restrained. Artista de SF pero con reputación internacional, Barney trabaja en diferentes escalas y con todos los medios disponibles. La obra que me impresiono mas fue la que esta hecha en resina – esculturas o mas bien maquetas en tamaño real de paisajes, muelles y objetos diversos - todo muy visceral. Caminando por la colección permanente pase por la escultura de Robert Irwin (mi viejo patrón cuando trabaje en el proyecto del Getty) Untitled,1968. Un disco de acrílico convexo separado a unos 60 cm de la pared. Iluminado desde el techo las sombras crean varias siluetas del mismo disco creando una ilusión óptica de estos objetos flotando en el espacio. Fuckin Incredible!. La obra de Irwin es bastante sensorial y densa – esta en su naturaleza por ser de la vanguardia del west coast de los 60s. De ahí a China Town y sus miles de puestos y restaurantes un gran swaptmeet – gente haciendo sus compras para la cena desde verduras, pescado y ranas vivas.



Ese día llegamos a Oakland donde vive un amigo de la universidad que nos dio hospedaje por toda la semana en su depa ubicado en frente de Lake Merritt. Eric y su esposa Jennifer tienen mucho aguante y un gran corazón por que nos trataron de primera en su casa. Oakland es una cuidad interesante - Oakland es para San Francisco lo que Tijuana es para San Diego. La cuidad esta (o a estado) en espera de una gran rehabilitación letreros anunciando proyectos ambiciosos de renovación se ven en la cuidad, pero estos parecen que nunca llegan – por lo menos existe la esperanza.
Diary of a Road Trip





La semana pasada después del sepelio de mi abuela – Doña Guadalupe Arévalo de 94 años- me fui con la familia a San Francisco en carro. Con mis dos hijas Renee de 14 y Ángela de 7 en el asiento de atrás y mi esposa Monica de copiloto viajamos por el HWY 101 hasta llegar a un pueblito muy simpático llamado Solvang.

Solvang fue fundado por los daneses hace más de un siglo y desde entonces el pueblo ha podido capitalizar con ese tema por medio de restaurantes y su arquitectura típica danesa. En realidad es lindo pero es otro “theme park” mas en California. A unas millas de Solvang se encuentran los viñedos de Santa Bárbara – otro paisaje hermoso y sublime.


20.8.06

Back in Town

Antes de cruzar a Tijuana despues del viaje a San Francisco en carro - escuche esto en un "conservative AM talk radio show".

Los Angeles is becoming Tijuana and major cities in the United States becoming LA.

Back to reality!

13.8.06

Tijuana en el periodico El Mundo de España por Carlos Fresneda
Lunes 17 Julio 2006
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*Abajo de las imagenes de pagina se encuentra el texto en tamaño normal.







Al otro lado del muro

Un reportero de EL MUNDO viaja hasta la fronteriza Tijuana en la primera etapa de un itinerario por el corazón de la esencia latina de EEUU. Miami, Los Ángeles o Nueva York serán algunas de las escalas de la aventura esta semana

CARLOS FRESNEDA
Enviado especial

Tijuana suena a enjambre, vorágine, oleaje. Tijuana es la trampa, el sumidero, la ciudad/esponja que te succiona el alma y ya no te deja. Tijuana o el viaje mental, la orgía alucinógena, el delirio, el deschongue, el desparrame por cerros descerrajados que rompen sin previo aviso contra ese muro herrumbroso que acuchilla las lomas, muerde la playa y muere en el mar. La tierra prometida es un páramo, los tijuanenses bien lo saben de tanto asomarse. Quien más quien menos ha podido otear el norte y ha decidido quedarse aquí. La casa del inmigrante hierve con gente venida de más allá de México, pero la urgencia de saltar al otro lado se ha trasladado al desierto. Aquí se lleva, eso sí, la cuenta luctuosa de caídos en el intento (3.600), con esa procesión de cruces, ataúdes, altares, crespones, conjuros, jeroglíficos (grafitis) y pintadas sangrantes: La Frontera: una llaga abierta. Pero, antes de estrellarse contra el muro, hay que rendirle pleitesía a LaMona, y allá vamos. La Mona es a Tijuana lo que la estatua de la Libertad a Manhattan, con el dedo meñique apuntando al cielo a falta de antorcha. La Mona está desnuda, lechosa e inacabada, con sus pechos al aire, la cintura prieta y las caderas anchas, hundida en el cañón de La Mona (de ahí el nombre), entre un farallón de escombros y chabolas. La Mona se llama, en realidad, Tijuana: tercer milenio y es obra de Armando Muñoz, que decidió celebrar el centenario del rancho de la Tía Juana con esta estatua de 17 metros. Desde el habitáculo interior de la figura, el artista sigue, con paciencia de santo, su obra infinita.

Preguntamos por el padre de la insinuante criatura de piedra, pero no está. Las chicas de la limpieza nos dejan entrar y tomarle las medidas a la escultura habitable. Los vecinos nos advierten: «Y si estuviera Armando, le daría igual: no suele atender a las visitas; está harto de que vengan aquí los curiosos». Todos los años, 60 millones de viandantes atraviesan el puesto fronterizo de Tijuana, el más transitado del planeta. Y ahora vamos a pedirle al visitante que haga un esfuerzo de imaginación, que se olvide de La Mona, que se despoje de ese espejismo que es Tijuana e intente mirar el muro desde el otro lado.

Quisimos salir al encuentro de Marcos Ramírez ERRE, combative artista tijuanense, en su propio estudio al pie la frontera, pero fue él quien nos sugirió «darle la vuelta al muro», dejar de alimentar el mito de Tijuana «como si fuera Tombuctú» y encontrarnos aquí, ante la valla publicitaria que él mismo ha titulado: El Proyecto del Prejuicio. ERRE, 45 años, vive y se nutre del frontal entre las dos culturas. Hasta los 14, atravesaba a diario la frontera en bicicleta sin que nadie le dijera nada, pero me salió «el bigotillo y tuve que fichar». Sus hijos estudian ahora en el lado Americano y podrían llevar una vida plácida en San Diego, «el barrio más bonito de Tijuana». Pero la conciencia, el corazón y el instinto le dicen que hay que vivir on the run, a la carrera, «de volada» entre estos dos mundos separados por el óxido y la incomprensión. El anuncio gigante que ha urdido ERRE para la exposición Extraño Nuevo Mundo (excusa primera y última de este viaje) consiste en una panorámica del muro desde el lado estadounidense, con el cuello rojo de un cazador de inmigrantes en primer plano y un ambiguo lema sobre
su cabeza firmado por el norteamericano Mike Davis: «No seas un hombre por un solo minuto. Sé un hombre toda tu vida». Los vigilantes se lo han tomado como una ofensa y han replicado con otra proclama: «¡Paremos la invasión!». «Yo no sé a qué invasión se refieren,
si será la invasión de Irak», se defiende ERRE. «Me queda la duda…
En el fondo, cada cual es muy libre de interpretar el mensaje según sus prejuicios. Amíme gustaría que sirviera como punto de diálogoy reflexión, aunque yo tengo muy claro lo que representa el muro: un borrón imperdonable, un pronunciamiento contra la Historia. ¿Que lo levantan más álgido? La gente lo cruzará por abajo». ERRE ha trabajado en la construcción acá, como abogado allá, como artista en todo el mundo. Aunque, si tuviera que elegir, se quedaría
seguramente con la nebulosa de Tijuana: «La mitad de las cosas que te digan de mi ciudad no debes creértelas, aunque una cosa es cierta: allá te sientes mucho más despierto, más vivo». Mientras le dejen, Ramírez seguirá cruzando todos los días la frontera fiel bajo el lema de Goytisolo: Dos culturas, mejor que una. Los visitantes de ciudades como Tijuana, Ciudad Juárez y Nuevo Laredo deberán permanecer en alerta y atentos a lo que ocurre a su alrededor en todo momento (advertencia del Departamento de Estado). A Tijuana se llega con la maleta cargada de prejuicios. Se deja atrás el bunker americano y parece que todo sean peligros y acechanzas. Los periódicos se tiñen de rojo y hablan de la última balasera de los narcos del cartel de Tijuana, o de los cadáveres aparecidos en el reguero del río, de las mil gangas o bandas callejeras, del penúltimo escándalo de corrupción municipal.

VIAJE AL OTRO MUNDO. El sol pega más fuerte a este otro lado, las sombras se hacen traicioneras. Los tres mil taxis libres prometen llevarte de volada al fin del mundo; el vendedor de raspados, nieves y diablitos se conforma con matarte la sed. El tráfico incesante, el trasiego humano y los puestos callejeros lo llenan todo de un desconcertante ruido. Los colores son más intensos; los olores penetran hasta las sienes. Tijuana o el «sobaco» de América Latina (Gael García Bernal). «Tijuana, sexo, tequila y marihuana», que cantó Manu Chao. Siete de cada 10 californianos del norte no se atreven a cruzar la fontera por miedo, aunque los viernes por la noche traen cola: evasión en masa de gringos que huyen del tedio de San Diego y vienen a perderse dos horas no más, lo justo para coahuilazo. Coahuila o la zona, para entendernos.
Donde todo vale, hasta cierto punto. Más de 13.000 trabajadoras del sexo censadas por las autoridades sanitarias, y las que no lo están. Unos 900 niños y niñas. Quinientos dólares por desvirgar auna cherry girl. Y la advertencia severa a los visitantes sin escrúpulos: «Trafica con menores aquí, acaba en la cárcel allá». Bajo el arco futurista de la Revo, la avenida Revolución, los mariachis hacen también la calle a su manera. Se venden al mejor postor. Llegan dos tipos en un carro lujoso con los cristales ahumados. Les preguntan que a cuánto la función. Peso arriba, peso abajo: trato hecho. Los mariachis se suben al coche, rumbo a una fiesta en los altos de Agua Caliente: Piérdete conmigo/aunque sea una noche de mi vida/ piérdete conmigo/ que con cariño yo sabrécorresponderte.

La mitad de los vecinos de Tijuana nacieron fuera. El 30% de la población tiene menos de 15 años; entre 5.000 y 10.000 niños viven en la calle. Tijuana es joven, como Jaime Ruiz Otis, que tiene un aire a lo Quentin Tarantino y nació hace 29 años en Tecate. Trabajó, como es de rigor, en una maquiladora, ensamblando chasis de camiones. Pudo ser conductor de rallys; tal es el brío con el que maneja por el bulevar Salinas. Pero se quedó en artista emblemático del neorrealismo en la era de la globalización, que no es poco, y ahora mismo nos lleva a la planta recicladora de Arjamex, a la busca de fósiles urbanos. Otis tiene algo de arqueólogo industrial, revolviendo entre tornillos, bisagras y tuercas, descubriendo tesoros como ese filamento de cobre tan fino que podría usarse como peluca, trepando a lo alto de una montaña de latas prensadas de Coca-Cola.
A Jaime no le gusta tijuanizar en exceso. El amor loco por su ciudad adoptiva ha dejado paso al empacho temporal, a la asfixia transitoria: «Quiero salirme un rato, ver otros horizontes. Tal vez para volver y apreciar más lo que tenemos aquí. O tal vez no: Tijuana está lleno de tipos bien chingones, con ganas de hacer cosas, pero el ambiente se me hace oprimente». Otis, que ya estuvo en ARCO, es uno de los artistas más pujantes de ese Extraño Nuevo Mundo que se exhibe en San Diego. Allí están sus Registros de Labor, que pronto veremos en La Caja Negra madrileña: planchas de poliuretano donde los trabajadores de la maquilas, sin saberlo, fueron dejando su impronta a lo largo del tiempo.

Tijuana crece a razón de dos hectáreas por día; el 37% de las casas son infraviviendas sin agua corriente; sólo el 30% de los edificiosson construidos por albañiles profesionales. Calcular la población de Tijuana es lo más parecido a elucubrar con el sexo de los ángeles. René Peralta, 37 años, arquitecto en una ciudad sin arquitectura, se atreve, sin embargo, a especular: «Posiblemente, estemos ya más cerca de los tres millones que de los dos». Tijuanense de cuarta generación, artífice del estudio Genérica y devoto de Rem Koolhaas, Peralta anda dándole vueltas y más vueltas a esa ciudad de los delirios que crece como un cáncer.
Con él recorremos mentalmente la Tijuana que quiso y no pudo ser: los pastiches superpuestos del centro, las reliquias pseudomodernistas que aún quedan, la grandeza desfasada y tardía del Paseo de los Héroes, la bola gigante del centr cultural. Y también las colonias de
cartolandias (chabolas) que aún ocupan una tercera parte del territorio urbano, las hileras de seriados (miniadosados para la clase media/ baja) que trepan por los desmontes con una voracidad cuartelera, las villas de estilo cutre lux que invaden los barrios ricos.

‘CASA NON GRATA’. Peralta nos presenta a sus colegas Daniel Carrilo y Omar Bernal, de Oficina 3, que acaban de pasar a la historia local por su casa non grata, así bautizada por el boicot que provocó entre los vecinos. Más de tres años tardaron en digerir la idea de una vivienda rompedora, construida con materiales reciclados, que ha colocado por fin a Tijuana en el mapa de la revistas de arquitectura. Tijuana o la ciudad transa, donde la realidad se recicla o se negocia hasta lo inimaginable, donde todo está por hacer o por deshacer, donde la anarquía ha sido hasta hace poco la ley, y no hay forma de abarcarla o entenderla en su conjunto, sino en jirones o teselas, como un puzzle en el que las piezas se resisten a encajar.

René Peralta es también un teórico de la tijuanología. Con el escritor Heriberto Yepez y la antropóloga Fiamma Montezemolo, acaba de firmar Aquí es Tijuana,el libro que aspiraba a ser compendio y se quedóen preámbulo, como todo en esta ciudad desconcertante. Porque a Tijuana, lo que se dice Tijuana, no hemos llegado todavía a entrar. Peralta, que pudo quedarse en Londres o emigrar a Los Ángeles, promete estar en la ciudad cuando volvamos, aunque no puede asegurar que todas sus casas estén en el mismo sitio para entonces, tal es su veleidad mutante. Entre tanto, le pedimos prestadas algunas de las pinceladas fugaces y de los guarismos fluctuantes que nos llevamos como recuerdo de este emocionante viaje. Tijuana es la ciudad con las estadísticas más infladas del planeta. Y bueno, sí, Tijuana ha tijuanizado México y parte del mundo, aunque al otro lado del muro se van enterando ahora. De Tijuana como meca cultural, más allá del tópico de la Sodoma mexicana, empezó a hablarse allá por los años 80. Eso sí, siempre flotó en el aire un humillo proclive a la experimentación y al mestizaje. Los happenings del Taller de Arte Fronterizo dan paso a la generación Nortec, y Tijuana se vuelve vanguardista y electrónica. La ciudad deja de estrellarse día y noche contra el muro de la vergüenza, se mira por primera vez el ombligo sucio, celebra como nunca antes sus conquistas y sus miserias. Fussible le pone música al Tijuana makes me happy y el problema ahora es cómo superar el cliché, cómo sobrevivir al tópico de que esta ciudad vibrante, visceral y fea es el melting pot, el caldero hirviente o la olla podrida de América Latina. Aunque posiblemente lo es, por su condición de potente rompeolas del Tecer Mundo en ese Primer Mundo que siempre levanta fortalezas inexpugnables y se repliega. Tijuana, como apunta Carlos Monsiváis, es «la frontera y la imposibilidad de la frontera, un júbilo simultáneo del vicio y de la virtud, y es la ansiedad de marcharse y el deseo de quedarse y volver a nacer».